domingo, 17 de marzo de 2013

Credo de Aquiles Nazoa



Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;
creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo, 
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres, 
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable, 
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
creo en la cualidad aérea del ser humano, 
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose 
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente 
debajo de la almohada de mi niñez; 
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, 
yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré, 
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma, 
creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza, 
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer, 
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia, 
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar; 
creo en un barco esbelto y distantísimo 
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora; 
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, 
junto a sus sienes un resplandor de estrellas, 
creo en el perro de Ulises, 
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, 
en el loro de Robinson Crusoe, 
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, 
el beralfiro el caballo de Rolando, 
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero, 
creo en la amistad como el invento más bello del hombre, 
creo en los poderes creadores del pueblo, 
creo en la poesía y en fin,creo en mí mismo, 
puesto que sé que alguien me ama..


lunes, 8 de octubre de 2012

Esto Aùn No Termina


Me aturde el grito ahogado de esta mañana en las calles. El dolor que desborda las alcantarillas, sale de ventanas y puertas, de un sol que no calienta.

Mi país, nuestra Venezuela querida sigue existiendo mientras cada uno de nosotros la vivamos en nuestra piel, en nuestra alma y desde nuestras entrañas. Como la madre que pare a un hijo con el dolor más agudo que se pueda sentir, para luego disfrutarlo el resto de la vida.

Cómo me puedo creer una victoria en donde (según el CNE) más de la mitad del país votó por la opción que nos tiene en ruinas, pero que la mitad de mi comunidad no celebró. Al menos en donde yo vivo —Guarenas, cuna del socialismo— unos muy pocos celebraban, como cuando se murió el vecino y se debe respetar el luto: en mi edificio de 20 apartamentos, sólo 2 celebraban; en mi conjunto de 20 edificios se escuchaban 3 apartamentos celebrando más un carro que pasó y al que nadie le hizo caso. ¿En dónde estaba entonces esa mitad?

¿Qué pasó con las caras largas de el comando Carabobo y el vacío en ese teatro? ¿Qué pasó con un Diosdado ambidiestro escribiendo por Blackberry abandonando la mesa en 3 oportunidades? ¿Qué pasó con la risa del Dr. Siniestro mientras hablaba y le pedía a Diosdado que aplaudiera? ¿Qué pasó con la cara de un chofer que no sabe disimular? ¿Qué pasó con el Potro rogando y apretando los ojos? Seguimos en ese mismo teatro, porque al menos yo veo un montaje muy maquiavélico.

La morgue ya parece una terminal, con familiares esperando afuera. Las vías que orgullosamente llevan la cara del mediocre, son reflejo exacto del tipo de gobierno que escogieron algunos ayer, en donde muchos han perdido la vida.

El tiempo de Dios es perfecto; debemos seguir aprendiendo como nación porque el final de estos tiempos malignos está mucho más cerca de los 6 años que nos impusieron. Se les olvida el poder del Altísimo, que no se nos olvide a nosotros también y menos después de la lección de humildad, fuerza y nobleza que nos volvió a regalar Henrique Capriles anoche. Dios bendiga a Venezuela y a cada uno de nosotros. Fuerza y sigamos adelante sin perder pisada.

domingo, 22 de julio de 2012

¡El Tráfico Me Convirtió en Cantante!


“Multiplicaos y llenad la tierra”, pero faltó aclarar: “...y antes hagan nuevas vías”. 
Cada día siento que mi ciudad está sobrepoblada, atiborrada de gente, aún estando muy lejos de India y  China. Pareciera que todos van al mismo lugar que yo, como si viviéramos todos en la misma urbanización y trabajáramos en la misma empresa.  Es casi como sufrir de delirio-persecución.
Ahora todos podemos pasar fácil 2 horas para llegar de un lugar a otro dentro de la misma ciudad, por lo que es altamente recomendable escuchar música y cantar tan alto que quien vaya en el carro de al lado te oiga y creas que estás tan desquiciada que mejor te deja pasar primero.
Pon la canción que más se adapte al estado del tiempo, que a su vez está relacionado directamente con el estado anímico y viceversa. Mírate en el retrovisor y canta durísimo que no hay nada que perder, de pronto y cuando menos lo esperes terminarás en otra cola: la cola del casting de un nuevo reality show del momento.
Madrugas, te emperifollas, llegas sin mucho tráfico porque aún ni amanece y te metes en la cola del casting. Allí conseguirás mucha gente vocalizando creyendo que se las saben todas, pero ¡No! porque resulta ser que no cuentan con que practicas dos veces al día todos los días de tu vida. Pasan las horas, cae el cansancio, el hambre y la desilusión porque si no escogieron al doble de Pavaroti menos te escogerán a ti. Como todos en la fila tienen hambre alguien comenta que “casualmente” llegó al supermercado aceite y harina. Sales corriendo abandonando así el sueño de ser la nueva Amy Winehouse y te metes en una nueva cola: la del supermercado.
Ibas solo por harina y aceite, pero te percatas que también hay azúcar, cuando acuerdas tienes el carrito repleto de cosas y ya la caja de 10 artículos no te funciona. Te toca hacer la cola de tutto il popolo que se pierde entre los anaqueles. Fastidiada llamas a tu mamá con voz de heroína y le hablas de tu gran hallazgo a lo que te responde — esta mañana conseguí—. Dejas el carrito abandonado en cualquier pasillo. Ya casi famélica vas a comer en la feria de ese centro comercial y haces una nueva cola: pagar con débito.
Luego de responder el tamaño y relleno de tu sandwich te ves atascada en una fila de gente hambrienta y deseosa de que los cajeros no se equivocaran al marcar la cédula y el comprador no se equivocara al colocar la clave. Antes era más sencillo, la gente compraba y paga con billetes. Ahora todos pagamos con plástico y eso ha producido muchas complicaciones. Luego de comer es bueno distraerse con alguna peliculita. Por lo que subes hasta el cine para conseguir algo que te despeje de un día tan infructuoso.
 Observas los carteles y terminas en una gran fila de gente que se le antojo también ir al cine. Mismo procedimiento de pago de todos quienes están delante de ti, por fin te toca pasar y compras el ticket que ahora incluye las cotufas. Feliz vas a la tienda de chucherías y ¿Adivina qué? hay cola peor que la del ticket para comprar un refresco y retirar tus cotufas. Gastas más de 30 minutos allí. Luego de ver la película, sales feliz pero ¡Oh sorpresa! harás una nueva cola: pagar el ticket de estacionamiento con el dinero que retiraste de un cajero en donde también hiciste cola.
— Señora, ¿Tiene sencillo?— 
— Caramba, no. El cajero me dio ese billete—
— Entonces póngase a un ladito hasta que me llegue el sencillo, para darle el vuelto—
Finalmente llegas a tu carro, y hay otra cola más para salir del estacionamiento. Como saliste en hora pico, mejor canta porque si largas la vista estará una serpiente de la misma gente que vive en tu urbanización y trabaja en tu empresa que se le antojó salir ese día a ver la misma película.
Mejor, la próxima vez invita a tus amigos a una noche de Karaoke, encárgales que traigan: aceite para los tequeños, azúcar para unos cocteles, harina para unas arepas a medianoche y cuando se aburran de cantar pongan una película que compraste en la cola de la autopista.

domingo, 15 de julio de 2012

Un Asunto de Peso


Engordar es malísimo, pero engordar en Venezuela es casi catastrófico.
Los comentarios que escuchas son de contexto funerario: —Tan bonita que era—, — ¿Qué le habrá pasado?—. Acaso no se dan cuenta que eso suena casi igual a preguntar ¿de qué murió? Otro lapidario es: —niña, te descuidaste—, como si se tratará de un bisteck que se pasó de cocción mientras chismeabas.
Es innegable que no hay cosa más sabrosa que verse al espejo y sentirse feliz de cómo luce la ropa en uno. O ir a la playa jurándote parte del elenco de Bay Watch e inclusive sentir que los pasillos de tu oficina son la pasarela de un gran diseñador.
Este es un país de Misses. Las niñas quieren ser Misses al crecer. Las mamás de las niñas se inventaron el Señora Venezuela para poder seguir concursando en algo que no les sentara ridículo en la edad. Si te paras en un esquina pasan 30 mujeres más bellas que la actriz del momento. Para nosotros los venezolanos, Jennifer López no es más que una culona billetuda en un país de esmirriadas; en cualquier supermercado verás un pompi mejor que el de ella, con una cara muchísimo más atractiva.
Otra curiosidad es ver que muchas personas nacen con poderes sobrenaturales: el del peso del ojo: —Mija, tu te has echado encima como 10 kilos—. O si tienen tiempo sin verte te regalarán esta perla: —¿Estás haciendo dieta? porque te has quitado como 5 kilos—, lo asombroso es que aciertan, nunca fallan y juran que diciéndote eso hicieron la buena acción del día. 
Los allegados se sienten con el deber constitucional, con la obligación moral de recordarte que te has aumentado de peso y empiezan a decirte que Fulana hizo la dieta de la sopa de repollo, que Mengana va con el Dr. Tal, que Sutana está en el hueso comiendo 5 veces al día.
Es más, muchas veces hasta creen que los espejos de la casa se fueron de huelga y dicen cosas como: —Mi bella, estás gordísima—. ¿Será que de verdad la gente cree que uno no se ha percatado en esta minucia? Que el pantalón que te servía la semana pasada ya no te entra solo porque un huésped miserable que se esconde en la oscuridad de tu closet cose la ropa y le quita una talla por semana
Se sufre de verdad y lo repito para reiterarlo: se sufre. Nada te sirve, tu ropa lleva rato llevando polvo colgada, la luz de la habitación deja de funcionar, comienzas a repetir el mismo atuendo cual uniforme porque no te resignas a tu nueva arquitectura corporal. Y entonces, es en ese momento que decides hacer algo: ir al gimnasio y comenzar una nueva dieta que “sí funcione” y que claro está, empezará como siempre un día lunes. 
Ese fin de semana te comerás cuanta cosa te pase por el frente porque en dos días irás al paredón. Llega el lunes y como tu amiga cumplía años no pudiste rechazar su torta, eso no se le hace a una amiga. Te dices a ti misma: —bueno, comienzo mañana—. Martes: cumples con la rebanada de pan el desayuno, en el almuerzo  te caes a lechuga y a media tarde te llama tu mamá para que pases por su casa a resolver una cosita y te recibe con par de arepas, caraotas, periquito, queso y te dice que ya has bajado lo suficiente cuando ni siquiera has comenzado. El miércoles te toca un curso en un hotel y tu día se llena de refrigerios, postres y rebozados. Así como quien se hace el loco llegamos a jueves y nos decimos —¿Cuánto queda de semana? ¡Nada! Entonces mejor sigo comiendo como vamos, porque el lunes que viene sí empezaré la dieta.—
Otro fenómeno es que de pronto todos cuantos te rodean se convirtieron en endocrinos y se empecinan en que te chequees la tiroides. Vas, te haces cuanta prueba haga falta, y esperas en el fondo más recóndito que la tiroides te esté echando broma para echarle la culpa a algo. El doctor sentencia: —Todo perfecto, haga dieta y ejercicio—.
No estoy de acuerdo en apoyar eso que tan elegantemente llaman “peso real” porque no acabaré de resignarme nunca, aunque siga repitiendo la misma ropa cada día y recibiendo regalos cuatro tallas más grande de la que en realidad soy. Tampoco quiero seguir escuchando a los aburridos Ojo e’ balanza. Al fin y al cabo lo que importa es lo que haya en la cabeza ¿O no? y particularmente tengo una gran corona no es de Miss sino de Reina porque flaca o gorda el tumbao´ se lleva por dentro.

domingo, 8 de julio de 2012

¡No lo Niegues!


Estudios científicos sostienen que todos decimos de 2 a 10 mentiras cada diez minutos. En criollito: somos mentirosísimos. Aunque no vaya a faltar quien diga asombrado ¿Yooooo? Yo, no digo mentiras jamás.
En nuestras cotidianidades nos vemos obligados a hacerlo: Te ves fabulosa. El tinte no te quedó naranja. Qué bien canta. Es la novia más hermosa que he visto. Mija, él cambiará ya verás que en cualquier momento madura. Te quedó riquísimo. No que va tu no estás gorda, eso es que te tienen envidia. Olerá mal, pero ese no fue mío.
Así mismo lo aplicamos al tráfico: ya voy llegando cuando aún estás en la ducha o el carro se accidentó cuando en realidad te quedaste dormido. Si no otras como: No recibí tu pin, se me borraron los contactos, el mail nunca me llegó, anoté mal tu número o te lo entregué en tus manos ¿Recuerdas?.
Estas son situaciones sobre las que danzamos todos los días, jurando que somos los únicos quienes las hacemos y que además nos las estamos comiendo. ¡Oh sorpresa! todos hemos caído en lo mismo varias veces en nuestras vidas aunque se lo neguemos erguidos al mundo.
Acaso te has bañado todos los domingos de tu vida o quien no ha llorado despechado mientras conduce haciéndose el harakiri con la canción más triste.
Otra más, las promesas a uno mismo: no vuelvo a tomar, desde el lunes arranco la dieta, no lo volveré a llamar, no le volveré a atender, no lo volveré a hacer, pisando enero y arrancando el gimnasio, no volveré a gastar tanto en unos zapatos, al cobrar el bono dejaré las tarjetas en cero, ahora sí terminamos para nunca mas volver.
Hay mentiras con las que nos consolamos: la fulana esa no es más bonita que tú. Tranquila amiga, que ese se fastidiará de ella rapidito, ya verás. El golpe que le diste al carro tampoco está tan feo. El embarazo te ha puesto radiante. En serio peso 50 kilos.
Las mentiras cómplices son por demás peligrosas porque no sabes que parte adelantaron antes de tú entrar al juego: — Sí mi amor, yo estaba con Luis. Llámalo y pregúntale para que tu veas que no te estoy mintiendo mi reina—
Pero así mismo hay verdades tan contundentes que entonces producen un terremoto emocional: Fulana tú me gustas de más. Tú a mí no me haces ni plín, te quiero como un amigo. Cada uno es de un papá diferente. Dejé de quererte, pero podemos ser amigos. Bueno es verdad, ustedes eran amigas, pero ahora dejé de quererte a ti para quererla a ella, se comprensiva.
A veces la mentira es la opción más sana y si nos remitimos a los estudio entonces no está ni tan mal decir una metirijilla de vez en cuando. 


Otra opción sería contradecir la evidencia científica, y proponernos decir solo una mentira al día, que sea tan contundente que abarque todas, pero que no sea tan grave como para complicarnos la vida: Bésame mi amor, hoy me cepillé los dientes cada vez que comí.
Lo cierto es que nos estresamos por cosas que finalmente hacemos todos en mayor o menor proporción, probablemente llevaríamos las cosas más sanas si no somos tan estrictos con nosotros mismos. Una mentirita blanca o beige — como tono tope— nos hará sentir en la cresta de la ola sin que las consecuencias sean mayores.
Por cierto hoy es domingo y ya me bañé.

domingo, 10 de junio de 2012

Sin Afán


Todos los días llegan y todo pasa.  
Me rindo, de verdad lo hago y no por no querer seguir adelante, sino todo lo contrario. Me rindo ante la terquedad de querer lograr las cosas  inorgánicamente.
El esfuerzo diario es necesario, al final de cada meta podemos sentir propio el resultado. Saber que si fue bueno o malo es la respuesta que obtuvimos por cuanto entregamos. Claro que no es ley y muchas veces luego de esforzarnos mucho no logramos lo que tanto anhelamos.
Cuando esto último es lo que nos ocurre, más adelante agradeceremos que haya sido así. Nada en la vida es casualidad y eso pues, a decir verdad, lo he aprendido luego de muchas “coincidencias”.
Por tanto, es mejor vivir el camino con intensidad porque no sabemos si estaremos para el resultado. Es posible que cuando llegue hayamos cambiado de meta, de parecer, de gusto, de sentido y ya no valoremos lo que tanto quisimos lograr.
Muchas veces al pasar el tiempo nos alejamos de quienes han sido importantes, de pronto cada quien escoge tomar la píldora roja o la azul para seguir con el próximo paso. ¿Siguen siendo importantes? Definitivamente sí, en buena parte nos hacen ser quienes somos. De todos aprendemos y en el ocaso de nuestro camino podremos recordar que tan bien o mal lo pasamos.
Estos tiempos de carrera nos convierten en aprehensivos, pero si no dejamos ir libremente entonces las cosas buenas tardarán exactamente lo mismo para llegar. Como si de una balanza en busca de equilibrio se tratara: sueltas lo malo para llenarlo con lo bueno; lo que está en desuso para llenarnos de ingenio. 
Por eso es que me rindo. Dejo a un lado la terquedad y que pase lo que tenga que pasar para evolucionar.
Esto está medio hippie.
Namasté. 

sábado, 2 de junio de 2012

Rueda de Ratas


La rutina es tan densa y corrosiva que siempre ahoga pensamientos, sentimientos, anhelos, acciones.
Otras veces no es más que el exceso de sentimientos aglutinados en la traquea que no te dejan ni tragar.
Que si esto, que si aquello, lo que falta, lo que sobra. Lo que tienes y lo que no.
Encontrarme.
Encontrarte.
Correr en la rueda de las ratas cada día en sentido opuesto de la esencia de todo. Ya debo descansar, respirar. Parar.
Respirar.
Vivir...

domingo, 14 de agosto de 2011

Virtuosos



Ludwig van Beethoven, Pyotr Ilyich Tchaikovsky, Wolfgang Amadeus Mozart, Jacinto Convit, Franz Kafka, Filippo Brunelleschi, Michelangelo Buonarroti, La Lupe, Salvador Dalí, Svetlana Zakharova, Paloma Herrera, Pablo Picasso, Vincent van Gogh, Julio Cortazar, Gabriel García Marquez, Sir Anthony Hopkins, Tim Burton, William Shakespeare, Mario Benedetti, Mario Moreno Cantinflas, Charles Chaplin, Leonardo da Vinci, Amy Winehouse, Albert Einstein, Helena Bonham Carter, Maggie Smith, Morgan Freeman, Fiodor Dostoievski, Sandro Botticelli

La Definición de virtuosismo debería ser aplicada a quienes les demuestran a los escépticos que Dios existe en cada partícula de aire que respiramos. Que justo por eso el tiempo se hace irremediable cuando lo mal gastamos con personas o necedades que nos distraen de lo verdaderamente esencial.

martes, 26 de julio de 2011

Amy Winehouse - Just Friends

Amy, cántale a los ángeles que desde aquí haremos el silencio necesario para seguir escuchandote.

Ve con Dios, se libre y descansa en paz.

Con amor, de quien no te pudo conocer en persona.

Natha

martes, 5 de julio de 2011

Una Fiesta de Locos

Era la fiesta de Primera Comunión de Daniela Escalona, nos bajamos del taxi con un regalo enorme. Tocamos el timbre de la lujosa casa y nos abrió el mayordomo. Mi tía le preguntó –Es la fiesta de Daniela– a lo que el señor respondió –Si. Puede dejar el regalo conmigo–. Así que dejamos el regalo en manos de este señor y entramos a la fiesta.

El lugar era en efecto como Disneylandia. Habían globos por doquier, payasos, algodón de azúcar, cotufas, magos, ponquesitos, piñata. Un momento, ¿Piñata en una primera comunión? –Cosas de gente adinerada– dijo mi tía.

Nos seguíamos mezclando con la gente en medio de un enorme jardín, pero nadie se le hacía familiar. No veía a quienes trabajaban con ella ni siquiera su jefe, quien era el anfitrión.

Se le acercó un señor de aspecto algo rebuscado. El bigote era tan largo como el cordón de sus zapatos, el pantalón era infinito y gris. El poco cabello que tenía lo usaba engominado.

Le dijo –Belleza, por qué tan sola–, ella le respondió –Es que no veo a nadie de la oficina–.

Bajó la cabeza ordenándome –Niña, anda a jugar con los demás muchachitos– pero no me moví, me quedé observándolo agarrada de la mano de mi tía.

Al pasar el mesonero él le arrancó una copa y se la dio a mi tía. –Gracias–. Ella no notaba que él seguía allí, estaba absorta buscando con la mirada una cara familiar. Pasado el rato notamos un ruido molestoso que comenzaba a fastidiarnos, se trataba del susurro del abejorro bigotón que no dejaba de hablarle pegado a la oreja de Nani.

Ella se volteó y le dijo –Mira mijito, tu viniste solo o te mandaron– sorprendido se le dibujó una sonrisa en la cara –vine solo mi reina, estoy soltero. Mejor dicho, divorciado, pero ella se ocupa de los muchachos. Me llamo Viktor Trapoy, soy tío de la homenajeada–. Extendiéndole su larguirucha mano

–¿Cómo me dijiste que era tu apellido?– preguntó mi tía confundida, el apellido de su jefe no era ese. A menos que el mamotreto del abejorro fuese pariente más bien de Ana, la esposa de su jefe.

–¿Entonces tu eres familiar de Ana?– dijo mi tía
–Y de la Virgen María, si tu quieres.– respondió el abejorro.

Del fondo del jardín en donde estábamos salió de en medio de la gente una señora un poco alicorada, pegando gritos y reclamando su propiedad. –¡Viktor Trapoy! se puede saber a quién le estás calentando la oreja ahora–. Recuerdo a mi tía volteando a los lados, comprobando que el rollo no fuese con ella.

La señora se plantó frente a mi tía, la miró de arriba a abajo y le preguntó –Y tu quién eres ¿La querida de turno?

Mi tía se dio cuenta de que no solo se había detenido la música, la fiesta y los gritos de los demás niños sino que el problema, en efecto, era con ella. Esta señora vestida de Dior con modales de mercado libre, se le abalanzaba con el trago en la mano. En cámara lenta se veían las gotas del trago salpicando cuando batuqueaba el vaso y los gestos que hacía de loca en reclamación.

Justo cuando mi tía la iba a interrumpir, apareció un señor que parecía un adonis.

–Por favor Mariela compórtate y deja el espectáculo. La serandeó y la puso a un lado.
Para ese momento la escena era: El adonis agarraba a la loca borracha por un brazo, el abejorro intentaba con torpeza detener al adonis por el otro brazo, los invitados hacían una rueda observando el show, mi tía no se agarraba de nadie y yo me agarraba de ella.

El adonis se excusó con un discurso presidencial con todos los invitados, en especial con mi tía. Ella lo interrumpió diciéndole –Primero, no soy la querida de nadie. Segundo, señora si usted no se quiere nadie la va a querer, mi amor, porque primero nos tenemos que querernos nosotros mismos y tercero ¿Esta es la fiesta de Daniela Escalona?

En coro, al mejor estilo de cualquier catedral del mundo se escuchó –¿Escalona? Nooo, es la fiesta de Daniela Trapoy.

– ¿Esta es la casa 57? y la segunda estrofa fue –Noooo, es la 41

Entonces por favor regrésenme mi regalo porque me equivoqué de fiesta.

sábado, 25 de junio de 2011

Lo Verdaderamente Importante

Como muchos, tengo rato dejando de hacer las cosas que realmente me gustan hacer por hacer aquellas que, a decir verdad, me gustan menos pero pagan las cuentas.

Al fin y al cabo las cuentas que realmente interesan en este mundo son las que nos rendimos a nosotros mismo.

Cuando me complico con algo, me disgusto por algo o pienso que estoy haciendo el ridículo con algo, me calmo pensando que ¨eso¨ me esta restando felicidad y robando tiempo. Se que pierdo el tiempo cuando no hago cosas como para recordarlas de aquí a 50 o 60 años.

Las cosas que nos hacen vivir son aquellas con la que llenamos de emoción nuestros días, las que nos dejan ese sabor del que no queremos desprendernos, un aroma tan delicioso que sería mejor pasar una vida sin bañarnos que restarnos ese tufito con cualquier jabón que solo nos lleva muy lejos de nuestra memoria.

Es por eso que ahora me dedicaré más a escribir y llenar mi blog con la manera en que veo las cosas. Solo así al pasar del tiempo podré mantener lo verdaderamente relevantes.

Espero entonces de mi parte y en nombre de los placeres, dejar las cosas menos importantes a un lado y pasar más por estos lares a dejar mis textos.

Nota: La foto es de Willy, tomada desde nuestra casa

jueves, 4 de noviembre de 2010

A mi papá se lo llevó la cigueña

Nos contaron que a los niños los traían las cigüeñas, pero descubrí que en realidad se los llevan.

Era el inicio como reportero de Juanito Jones, un joven recién graduado en la promoción del ’63. Ese día, su editor en jefe le exigió que no regresara al periódico sin una noticia extraordinaria del acontecer caraqueño.

Juanito, muy preocupado salió a buscar algo impactante para saciar la sed de escándalo que tenía su jefe. Quería lucirse y quitarse el mote de “nuevon”, con el que fue bautizado por sus compañeros de oficio. No quería ir a la morgue a buscar más de lo mismo, no quería ir al palacio de justicia a ver injusticias ni mucho menos toparse con alguna marramucia política.

Ya desesperanzado por no tener un reportaje fuera de lo cotidiano decidió regresar con renuncia en mano al periódico. Meditabundo tomó el camino largo atravesando el parque, cuando a lo lejos se elevó un pajarraco con algo grande y pesado en el pico. Se escucharon gritos, el ronroneo de una moto, e inclusive pudo llegar a ver el vuelo rasante de una chaqueta de cuero. Corrió hasta el lugar para investigar qué había pasado y consiguió esta fotografía: un niño cargado y besado por una señora (que no parecía su mamá), un guardia nacional montado en su moto felicitado por un señor (que bueno, podía ser el papá) y a una multitud que arropaba la escena cual extras de película.

Juanito le preguntó a un señor que tenía cerca qué había ocurrido, el por qué tanto alboroto. Ante las respuestas que consiguió decidió que esa iba a ser su historia del día, mejor aún de su carrera.

Al llegar a la redacción del periódico se sentó a escribir la historia armando este complicado rompecabezas en el que se habían convertido sus notas. Este hecho no sería nada sencillo de contar por lo insólito que resultaba para cualquiera.

A todos le hizo la misma pregunta: —Por favor, me podría decir ¿Qué acaba de ocurrir? Lo que recopilo fue lo siguiente:

Señor de sombrero: —Escuché una señora gritando “¡Salgado, hálalo por los pies!”. Pero no entendía, porque cuando miré al cielo vi a un garzón soldado que llevaba una buruza negra en el pico. El señor luego de espantar al ave para que se fuera, lo que logró fue que el pajarraco soltara lo que llevaba en el pico. Era el muchachito ese, que usted ve allí. Apuntaba con la boca.

Heladero Haitiano: La señior asustó la cigüeñe. Dejó al niño caer y el señiora cargó a ese bebe que parece a mi sobrina.

Señora chismosa: Mire Sr. Reportero, los padres del muchachito son aquellos dos de allá (también con el piquito de la boca). Yo estaba sentada en el picnic de al lado de ellos, cuando ella le juraba al esposo que en su familia sí había gente con ese semblante y por eso el muchachito se los habían enviado así. Él, convencido de que era un error en la repartición de bebés de la cigüeña le decía a la esposa —Mi amor ya verás que si logramos que se lo lleve, nos traerá al que es—Pero nada mijito, porque mira que por más que le pagaron al guardia nacional para que hiciera ruido con la moto, no lograron espantar al ave. Ya sabrás tú que mide como 1,30 o sea no estamos hablando de una palomita o del pájaro chogüi, noooo que va ¡Era un garzón soldado! Hasta el supuesto papá de la criaturita (cuando lo veas te convences de que es criaturita y no niño), se quitó la chaqueta y la tiró al aire para alejarlo, pero nada. Y digo yo este muchacho —golpeando mi hombro— ¿a eso se le puede llamar milagro? Noooo ni de vaina, a eso se le llama voluntad infantil, verás tu mi amorrr, por más que lo tiró desde cierta altura el niño cayó al suelo y en vez de llorar fue a abrazar a la señora esa, que disque es la mamá (aunque es catirita) —entre dientes—.

Joven Hippie: Brother, o sea, yo estaba aquí elevándome, contemplando los árboles y de pronto vi a unos pures con su nenuco allí, que tal. Luego sabes, una beldad de cigüeña se les acercó para olfatear al chamito, era hermosa, grande, con plumitas y tal. No sé por qué los pures del chamito se enrollaron cuando ellos pactaron ir a volar juntos ¿me explico? Entonces el pajarito ¿te comenté que era bello? En fin, el pajarito elevó al nenuco casi por el espacio sideral. Pero ya sabes cómo son los vejetes. Te cuento Bro, que el paco armó un escándalo con la moto, el pure le lanzó la chaqueta y la doña se deshizo en gritos y hasta le tiró los tacones al pobre pajarito. Qué triste es el capitalismo salvaje, ellos querían pactar con el ave que era bellísima y libre de karmas cambiando las cosas materiales por su propio hijo. O sea my brother, es decir, que pa’ ellos el chamin vale una chaqueta de cuero y par de tacones rojos.

Guardia Nacional: Bueno ciudadano pero qué pregunta es esa, acaso no vio lo qué ocurrió. Igual le voy a informar para que esté al tanto de la verdad oficial de los hechos acaecidos aquí en la tarde de hoy. Yo estaba cubriendo un cuatrocerocho —código para cuando no hacen nada—, eso es una operación tipo comando de reconocimiento recreacional del publico adyacente a las instalaciones del parque, vigilante de las buenas costumbres y modales del ciudadano. Llegué a la escena del suceso cuando un ciudadano niño molestaba a un pajarito con un una rama, cuyo cual se incomodó con tal comportamiento y se lo llevó para montarlo allá —también con el pico de la boca— en el arbustico ese. Pero en el cuartel nos enseñaron que es mejor decir aquí corrió que aquí murió, entonces yo como garante de justicia prendí mi moto para huir de tal violencia animal, pero de alguna modo disguste al pajarito porque soltó al ciudadano niño. El padre claro que quedó agradecidísimo por mi acto de valentía y entrega a la comunidad recreativa y hasta me dio la mano para gratificar mi increíble gestión. ¿Tú me echas un retrato para acompañar el informe periodístico? Así tal vez mi comandante me ascienda.

Borrachito: Aaaayyyy eso fue divertidiiiiisimo ¡Hip!. Hacía rato que volaba un garzón soldado del tamaño de un Boeing y aquí abajo ese carajito llora que te llora ¡Hip! Cuando el papá lo calmó y lo dejó caminar, el pájaro lo confundió con una lombriz y zúassss se lo llevó ¡Hip!. Yo te digo, tengo hambre de la brava y el carajito es bueh… ¿comestible? ¡Hip! Lo cierto es que si no se lo zampaba el pajarraco, me lo comía yo ¡Hip! Total, los padres ya lo habían pasado por las brazas, les quedó tiznadito y estaba sólo de meterle un buen mordisco y calmar mi desespero estomacal ¡Hip! No tenía buen aspecto como para hincarle el molar ¡Hip! Pero a estas alturas no me voy a poner exquisito ¡Hip! Como lo que haiga y punto en boca. La doña le tiraba taconazos al garzón, comiquiiiiiiiiiiisima y el señor como que quería arroparlo lanzándole la chaqueta, que entre nos ¡Hip! Si caía aquí cerquita me la comía también.

Juanito Jones trabajó un poco la historia que resultó así:

Era una tarde soleada el día en que los señores Salgado salieron de paseo con su pequeño hijo al parque.

Alfredo, de apenas 4 años jugaba con otros niños más grandes que trabajaban de limpia botas en las instalaciones del parque. En eso una cigüeña garzón soldado pasó queriendo llevarse a alguno de ellos. Abrió su enorme pico y atinó llevándose a la criatura más pequeña, mientras el resto escapó por la viveza que les ha dado la calle.

El ave voló alto, azotada por los gritos de la madre que gritaba desesperada al esposo —Salgado, hálalo por los pies— El padre corrió detrás del ave, agarró una rama para pegarle, le lanzó su chaqueta de cuero, le gritaba pío pío pajarito, pero nada convencía al ave de regresar al pequeño.

La madre que gozaba de excelente puntería ya desgarrada por la desesperanza, se quitó los tacones y se los lanzó al garzón soldado pero aún así el pájaro les respondía en vuelo fénix que esa presa ahora le pertenecía.

Los niños limpia botas le lanzaron risotadas, el borracho del lugar le tiró una botella vacía, una señora sentada junto a ellos rezaba en voz alta, un heladero haitiano hacía sonar con estupor las campanas de su carrito pero ni siquiera así el ave regresaba la criatura a los brazos de sus padres. Todos bailaban una danza al son del ave, que de vez en cuando se acercaba y se alejaba de ellos demostrando que tenía absoluto control de la situación.

A la escena llegó un guardia nacional en moto, que se encontraba patrullando el área. Al percatarse de la situación, hizo roncar su motor astutamente, asustando así al ave que finalmente, luego de 1 hora de lucha, decidió soltar al infante.

Es de mucha preocupación el maltrato animal que reciben los animales en este parque. El Dr. Cunaviero, psicólogo animal, comentó que esta especie sufre del síndrome del nido vacío una vez que los pichones crecen y se van. Según estudios previos, el garzón soldado adopta a otras especies que guarden alguna similitud con sus crías y los llevan hasta sus moradas para cuidarlos.

Lamentablemente las instalaciones del lugar están un poco descuidadas. El público está alimentando a las aves con cualquier tipo de cosa, se recomienda supervisión y educación asertiva al ciudadano.

Exhortamos al ministerio del ambiente a tomar las medidas justas para la conservación de la especie, es preocupante que estas deban sortear su vuelo en medio de cuanto objeto, muchedumbre y ruido haya a su alrededor.

Juanito Jones.